Querido Cortijo del Agua.
Hoy siento el corazón rebosando emociones encontradas al escribir
estas palabras. Me cuesta creer que este será el último adiós a las
paredes que nos han visto cantar, bailar, compartir, disfrutar de los amigos propios y de la familia que se ha formado en tu
interior. A los rincones con encanto, como "el rincón de los amorosos",
que han sido testigos de tantos momentos de complicidad, risas, abrazos,
tristezas y alegrías. Nuestra caseta ha sido mucho más que cuatro lonas
sobre una estructura de tubos, ha sido nuestro hogar durante una semana
al año, lleno de recuerdos, amor y calidez humana.
Recuerdo que con tan solo quince años entré por primera vez en el Cortijo del Agua (tanto mi mujer Mari Carmen, como mis hijos Miguel y María han tenido la suerte de vivir la caseta desde que nacieron, porque nuestra caseta se vivía), y Modesto como Maestro de Ceremonias, se presentó y me dijo que cuidara mucho a su rubia (Mari Carmen), o me las vería él, seguido de un guiño y una sonrisa cómplice, que en vez de sentirlas como palabras "intimidatorias", sentí una sensación de amistad que perdura hasta hoy.
Gracias a los que no precedieron, como mi suegro Manuel Medina, los hermanos Santacruz o Pedro Díaz entre otros, a los que entraron a la par nuestra e incluso a los últimos en llegar. En esta caseta he recibido el mayor máster de Sevillanía y buen feriante que jamás se pueda recibir, de amar lo nuestro y sentirlo como propio (el lugar que me enseñó el significado de pertenecer), de ser embajador de muchas personas que tras el paso por el Cortijo del Agua han amado el verdadero significado de feria. De amigos que, aún teniendo sus propias casetas han preferido disfrutar de la nuestra, cautivados por el duende que habita en el Cortijo del Agua.
Me despido del balcón que nos permitió disfrutar de unas vistas privilegiadas del Real, de su paseo de caballos por la mañana, del paseo de las flamencas en brazos de sus acompañantes por la tarde, del alumbrado de los farolillos por la noche. Este balcón que tenía unas vistas de doble dirección, porque incontables veces, los transeúntes se paraban fuera para admirar y disfrutar, lo que nosotros vivíamos dentro, y otras veces bailaban en el albero del Real como extensión de lo que nosotros bailábamos en nuestro tablao.
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Interior de El Cortijo del Agua |
Cada rincón de El Cortijo del Agua ha sido testigo de tantos momentos familiares, de secretos, inquietudes y sueños, que darían para una enciclopedia. Pero discreta como ninguna, nuestra caseta se los llevará para siempre con su último desmontaje.
La caseta fue lugar de refugio en los días grises, y mudándose con sus mejores galas los días luminosos de cielo azul Sevilla. Zalamera como ninguna para cautivar a propios y extraños.
No se que nos deparará el futuro, ni donde nos llevará a cada uno, pero lo que se con certeza es que parte de nosotros siempre se quedará en la solera de hormigón de la esquina de Juan Belmonte con Pepe Luís Vázquez 63-65 del Real de la Feria.
Gracias a El Cortijo del Agua, y a la familia que se ha formado bajo sus toldos, por ser el decorado de mis recuerdos más queridos. Se que la vida me llevará por nuevos caminos, pero cada vez que pase por la "Esquina del Arte" (como compuso el maestro Manuel Melado en una sevillana que escribió para nuestra caseta), sentiré tu presencia en mi corazón.
Por todo, gracias a El Cortijo del Agua y a sus "gentes".
2017 - Celebración del 75 Aniversario de El Cortijo del Agua |
Pero como dice el título de este post, esto "No es un adiós, es hasta la próxima" y con la siguiente reflexión quiero transmitir un toque de optimismo.
Cada reto es una oportunidad disfrazada, una invitación a crecer, aprender y descubrir lo que eres capaz de lograr, y de eso sabemos en el Cortijo del Agua, tras años de obstáculos y dificultades que siempre se han conseguido llevar a buen puerto. Puede que al principio todo se vea incierto y desafiante, pero recordad que si somos capaces de sacar la mejor versión de nosotros, no caeremos en el desánimo, sino que nos levantaremos con más determinación e ilusión.
Es verdad que el emplazamiento dentro del Real de El Cortijo del Agua es inigualable, pero el lugar en sí mismo solo es un espacio físico, lo que realmente lo transforma en algo especial es la gente que lo habita, los lazos que se crean, las historias compartidas y los momentos vividos. Y de eso hay pocas casetas que puedan tener más solera que la nuestra. Las personas son las que dan alma a los lugares y sea donde fuere, conseguiremos volver a convertir El Cortijo del Agua en un hogar, nuestro hogar, sin importar cuán grande o pequeña sea nuestra nueva caseta. Lo importante es lo que ocurrirá debajo de esas lonas, de su gente maravillosa, y junto a vosotros tengo la firme creencia de que en el nuevo Cortijo del Agua... ¡¡¡Lo mejor está por venir!!!.
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